La hermandad de la justicia
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Hay conflictos que se solucionan encontrando al culpable, derrotando al monstruo o escapando del sitio donde claramente no deberías haber entrado. Y luego están los que uno lleva dentro, que suelen ser bastante menos colaborativos.
Los cómics psicológicos ponen buena parte del peso de la historia precisamente ahí, en la forma en la que los personajes piensan, recuerdan, interpretan lo que ocurre o intentan convivir con algo que no consiguen quitarse de la cabeza. A veces sabemos perfectamente qué está pasando y el problema es ver cómo afecta al personaje; otras ni siquiera podemos estar demasiado seguros de que aquello que vemos sea exactamente lo que está ocurriendo.
Supongo que una de las cosas que hacen interesante este tipo de cómics es que la cabeza del protagonista deja de ser un lugar seguro desde el que observar la historia. Estamos acostumbrados a seguir a un personaje y asumir que, más o menos, lo que nos muestra es fiable, pero ¿qué pasa cuando sus recuerdos están incompletos, interpreta mal lo que sucede o directamente nosotros sabemos tan poco como él? De repente una conversación normal puede tener otro significado, una escena que parecía bastante clara empieza a chirriar y cualquier detalle que antes habíamos pasado por alto puede obligarnos a reconsiderar lo que llevamos leído.
Eso funciona especialmente bien cuando el propio dibujo entra en el juego. Una página puede cambiar de composición, repetir imágenes, deformar espacios o enseñarnos una situación de una manera que tiene más que ver con cómo la está viviendo el personaje que con lo que ocurriría si colocásemos una cámara delante. No hace falta avisar al lector cada vez que algo es subjetivo. Si está bien contado, empieza a notarlo.
Los cómics psicológicos tampoco necesitan convertirse necesariamente en un thriller donde nadie sabe qué es real y qué no. Puede haber una historia mucho más tranquila centrada en culpa, duelo, miedo, aislamiento o cualquier conflicto que obligue a un personaje a enfrentarse consigo mismo. Lo psicológico no está tanto en el tipo de problema como en el espacio que la historia dedica a lo que ocurre dentro de quien lo está viviendo.
Aunque cuando se mezcla con el thriller da muchísimo juego, eso es verdad.
Ahí aparecen personajes obsesionados con algo, situaciones que se vuelven cada vez más claustrofóbicas, relaciones donde cuesta saber quién está manipulando a quién o investigaciones en las que descubrir la verdad quizá no arregle absolutamente nada. El suspense puede venir de una amenaza externa, pero también de ver a alguien tomando una decisión que entiendes perfectamente que no debería tomar y saber que no va a parar.
También existe un peligro bastante claro al escribir este tipo de historias: confundir complejidad con hacerlo todo deliberadamente incomprensible. Si al terminar el cómic necesitas un esquema con flechas, cuatro vídeos explicativos y una entrevista con el autor para entender qué demonios acabas de leer, quizá el misterio se nos ha ido un poco de las manos. Una historia puede dejar preguntas abiertas, jugar con la percepción o pedirle al lector que complete cosas sin tener que esconder toda la información detrás de una niebla permanente.
Para mí, cuando este tipo de cómic funciona bien, lo interesante es precisamente que obliga a leer de otra manera. Empiezas prestando más atención a lo que dicen los personajes, pero también a lo que evitan decir, a cuándo cambia una versión de los hechos o a ese pequeño detalle que parecía no tener ninguna importancia treinta páginas atrás. Hay cierta desconfianza constante que encaja muy bien con el lenguaje del cómic porque las imágenes parecen enseñarnos algo objetivo incluso cuando no tiene por qué serlo.
Y tampoco hace falta que todo termine con un gran giro final que explique que llevábamos doscientas páginas entendiendo mal la historia. A veces el conflicto está perfectamente claro desde el principio y lo que importa es ver qué hace el personaje con él.
En TusComics puedes leer cómics psicológicos online creados por autores independientes, desde thrillers y misterios hasta dramas donde el conflicto está mucho más cerca del propio personaje que de cualquier enemigo que pueda aparecer delante. Algunos te darán respuestas y otros probablemente prefieran dejarte unas cuantas cosas dando vueltas en la cabeza después de cerrar la página.