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Cómics autobiográficos

Contar tu propia vida en un cómic tiene algo curioso. Sobre el papel parece fácil: al fin y al cabo, la historia ya la tienes. No necesitas inventar un mundo, diseñar un sistema político para un planeta situado a cuarenta años luz ni pensar por qué demonios el villano quiere destruir otra vez el universo.

Luego te pones a hacerlo y descubres que quizá no era tan sencillo.

Los cómics autobiográficos convierten experiencias, recuerdos y pequeños momentos de la vida de sus autores en historias. Algunas hablan de acontecimientos importantes. Otras, simplemente, de cosas aparentemente insignificantes que por algún motivo se quedaron ahí, dando vueltas en la cabeza durante años.

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Sobre los cómics de Autobiográfico

Siempre me ha parecido interesante el cómic autobiográfico porque tiene una limitación que, paradójicamente, también es una de sus mayores virtudes: detrás de la historia sabemos que hay una persona.

Eso no significa que absolutamente todo lo que aparece en una autobiografía tenga que haber sucedido exactamente así. La memoria es bastante puñetera. Recordamos algunas cosas, olvidamos otras y, con el paso de los años, probablemente rellenamos unos cuantos huecos sin darnos demasiada cuenta.

Y luego está el autor.

Cuando alguien convierte una parte de su vida en viñetas tiene que decidir qué cuenta, qué deja fuera y desde qué punto de vista quiere mirar aquello que ocurrió. Así que incluso una autobiografía en cómic termina siendo también una interpretación de los propios recuerdos.

Quizá por eso funcionan tan bien algunas historias que, a priori, no parecen especialmente extraordinarias.

No hace falta haber sobrevivido a una guerra, recorrido medio planeta o protagonizado una historia increíble para tener algo interesante que contar. Una infancia, una relación que salió mal, la convivencia con una familia un tanto peculiar, un trabajo horrible, una enfermedad, hacerse mayor o simplemente recordar cómo era nuestra vida hace veinte años pueden convertirse en una historia estupenda si están bien contadas.

Y el dibujo añade otra capa.

En una novela podemos explicar cómo recordamos un lugar. En un cómic podemos directamente dibujarlo. Aunque seguramente ese dibujo tampoco sea exactamente como era. Será como el autor lo recuerda, o quizá como necesita recordarlo para contar aquello que quiere contar.

Eso me parece especialmente bonito.

También por eso dentro de los cómics autobiográficos podemos encontrar obras muy diferentes. Algunas se acercan al drama, otras al humor, al slice of life, a la crónica social o incluso al cómic histórico. Hay autores que cuentan una etapa concreta de su vida y otros que utilizan pequeñas anécdotas como punto de partida para hablar de cosas mucho más grandes.

Y por supuesto también está la autoficción, ese terreno un poco difuso donde realidad y ficción empiezan a mezclarse y en el que ya no resulta tan sencillo saber dónde termina el autor y empieza el personaje.

Pero creo que tampoco importa demasiado.

Al final, cuando leemos un cómic autobiográfico, no estamos buscando un acta notarial de lo sucedido. Estamos viendo cómo otra persona interpreta una parte de su propia vida y decide compartirla mediante dibujos.

Y eso, cuando funciona, puede resultar tremendamente cercano.

En TusComics puedes encontrar cómics y novelas gráficas autobiográficas creadas por autores independientes. Historias grandes, pequeñas, divertidas, incómodas o simplemente personales.

Porque no todas las aventuras necesitan dragones.

A veces sobrevivir a un lunes ya da para unas cuantas páginas.

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