Sigma: Sumatorio de historias — Capítulo 3, página 4
Capítulo 3 · Página 4 de 10
Una vida en viñetas - #03
Publicada el 27 de septiembre de 2026
Curiosamente, mi odisea como dibujante y narrador de historias no empezó directamente en las viñetas. Hasta de crío sabía que antes necesitaba tener ideas, había que empezar sabiendo qué iba a contar y quién iba a protagonizar esas historias. También de crío no tenía ni idea de cómo hacerlo, así que, simplemente, surgían conceptos aleatorios mezclando cosas que me impactaban: que si el típico tipo grandote con implantes cibernéticos, que si una suerte de mezcla entre Son Gohan adulto (de «Dragon Ball») y Kim Kap Hwan (de «Fatal Fury»), que si una pandillera... Stefan Kioff, Tobal y Madison fueron experimentos más que personajes. Luego inspirarían a otros personajes, pero estos tres simplemente... existieron. Y ya. Con la adolescencia y habiendo leído más cosas, y no solo cómics, acabé cayendo en la fantasía épica. Y no, no era solo «Lodoss War» o «Slayers», también algo más clásico como era «El Señor de los Anillos» de J.R.R. Tolkien. Y junto a que empecé a aficionarme a los juegos de rol en el instituto, pues acabó surgiendo una partida narrativa online, «Leyendas de Daron», allá en los foros de Dreamers. Lo veo ahora y es un festival de estereotipos, pero también un curioso ejercicio narrativo que montamos varias personas. Aparte de eso, mi alias, Chuck Draug, se lo debo a cierto elfo druida y montaraz de nombre impronunciable: Fëadraug Turmellyrn. Ese apellido volverá a salir en otra página, pero eso ya cuando lleguemos ahí...
Comentarios 1
Usualmente se comienza imitando lo conocido, después viene ese deseo de crear lo propio, después conviven las dos cosas y finalmente va desapareciendo lo imitado y sólo queda lo propio. Por cierto, mis respetos a quienes se mantienen en lo conocido, he leído muchas historias donde para mi gusto, lo imitado supera incluso a lo original.
Sí, la imitación es un buen comienzo, hay tantas cosas que pillas en el camino... Y lo importante es que, con todo ese aprendizaje, llegas a lo propio. Lo de ir sobre hombros de gigantes, vamos.
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